lunes, 27 de diciembre de 2010

ALIANZA O COALICIÓN

¿Hacia dónde va la izquierda?

(Alianza o Coalición)

Mucho se ha hablado de las "Alianzas Electorales" que han sido impulsadas a lo largo de los últimos diez años en la vida democrática del país. Si bien los resultados en algunas entidades han sido exitosos, poco se ha reflejado en el bienestar de las poblaciones en donde esas alianzas han triunfado. Tal es el caso del Estado de Chiapas, por poner un solo ejemplo, en donde el aumento de la pobreza se ha incrementado en 14% con respecto al año 2000. Es de destacar, en este caso particular, que sólo las comunidades vinculadas al EZLN son las que han tenido un desarrollo considerable con respecto al resto de la entidad, en donde, por citar un ejemplo, el nivel de analfabetismo se redujo de manera sustancial, la desnutrición y la muerte por enfermedades relacionadas con infecciones respiratorias y gastrointestinales, son prácticamente nulas.

Si bien es cierto que las Alianzas han tenido resultados exitosos, en muchos casos (véase Oaxaca, Puebla y Sinaloa) esto no significa que se conformen “Gobiernos de Coalición”. Es por eso que los resultados electorales sólo pueden ser calificados en función de la eficacia de los gobiernos emanados por las Alianzas. Por otro lado, la izquierda suele aliarse con la derecha “democrática” cuando el fin, sin lugar a dudas, es la democracia.

El debate en torno a la alianza planteada por la dirigencia nacional del Partido de la Revolución Democrática (PRD) esta cargada de adjetivos, sin embargo es importante definir claramente el concepto para ver sus fallas en la génesis. Una característica trascendental de las Alianzas Electorales es sin duda su carácter temporal, es decir, estas son concebidas como un mecanismo de concurrencia electoral, presentando la misma candidatura por los partidos políticos participantes; concretamente éstas se extinguen en el momento en que la autoridad competente da a conocer el resultado definitivo de la elección.

Este tipo de “alianzas” permiten una participación eficaz en los procesos electorales; sin embargo esto no garantiza de ninguna manera la formación de "Coaliciones de Gobierno" efectivas que se traduzcan en beneficios hacia la ciudadanía pos elecciones. Es por eso que el sentido de las alianzas está claramente condicionado al proceso electoral y estas tienen poca o nula efectividad en las acciones de gobierno. En ese sentido, es como se puede evaluar la diferencia entre Alianza y Coalición, en donde la primera es un proceso pre-electoral mientras que en el segundo caso se hace referencia a un proceso pos-electoral. Si bien la legislación electoral mexicana no establece la figura de las Alianzas Electorales, este concepto es utilizado vox populi para representar en el espacio de lo simbólico la comunión de dos o más fuerzas electorales, es decir, el concepto Alianza ha sido utilizado como una forma de propaganda política, sin mayores repercusiones que se traduzcan en programas de gobierno conjuntos o mayores beneficios reflejados en la población.

De acuerdo con Hugo Sánchez Gudiño[1] una alianza es “la asociación o unión de uno o más sujetos sociales o colectividades, con el objetivo de promover un interés común”, ese es el planteamiento realizado para las elecciones que tendrán lugar en el Estado de México en un intento por mermar políticamente al puntero en las encuestas para las Elecciones Presidenciales del 2012. Ese es el discurso de la actual dirigencia nacional del PRD, en este sentido la idea de una alianza se ha transformado en la vía de los hechos en comparación al planteamiento hecho por diversos actores a lo largo de estos últimos diez años. Ahora no se trata sólo de acabar con el cacicazgo en esa entidad, como se planteo en las elecciones pasadas, especialmente en el caso de Oaxaca, se trata sin lugar a dudas de debilitar a Enrique Peña Nieto rumbo a la carrera presidencial del 2012, lo cual suena lógico y hasta cierto punto congruente.

Como lo han sostenido diversos actores aglutinados en torno a la corriente de Nueva Izquierda, el hecho de realizar una alianza electoral a fin de ganar o al menos ser una fuerza más competitiva con miras al 2012, debilitando al puntero en las encuestas, es parte de las tareas que tendría que realizar cualquier partido político que aspire llegar al poder. Si bien el objetivo de cualquier partido político es el ganar con votos las elecciones (de ahí que sea la única figura legal para competir electoralmente), esto no trae consigo de manera automática un beneficio real al grueso de la población. En segundo lugar, el PRD atraviesa una profunda crisis de identidad en donde la tarea principal, a decir de los principales analistas, es una reconstrucción ideológica de fondo en donde se puedan establecer las líneas programáticas que se han ido difuminando debido a la profunda división al interior de sus filas, producto de las diferencias principalmente estratégicas para poder obtener el poder del Estado, así como establecer claramente las reglas de convivencia al interior del partido.

Es por eso que el PRD se encuentra en una disyuntiva: Por un lado existe un planteamiento claro de pragmatismo político-electoral en donde lo importante es ganar elecciones sin importar quién sea el aliado en turno, mientras que por el otro se encuentra el sector que pugna por ser una verdadera oposición con un programa fuerte que convenza a las mayorías y así ganar electoralmente, sin que esto signifique sacrificar la línea ideológica que en este caso se define hacia la izquierda.

La evaluación de los triunfos electorales en los diversos estados en donde el PAN-PRD han ido juntos a lo largo de estos diez años, es que sin lugar a dudas ha habido alternancia, pero de ninguna manera ha existido la transición que todos esperábamos. La estructura clientelar prácticamente es la misma, en el tema económico y redistribución del ingreso en los estados en donde han ganado las Alianzas, es prácticamente el mismo que con los gobiernos priístas; no ha importado mucho las siglas tras las cuales se cobija el poder en los estados, el contenido de las políticas y los métodos de las clases gobernantes es prácticamente el mismo. No importa el color partidista del gobierno en turno. Algo contrario a esto son los triunfos electorales de la izquierda como en el Distrito Federal en donde el avance hacia una sociedad más democrática y con mayores programas de gobierno que benefician a la ciudadanía, es evidente.

Estamos hablando entonces que la dirigencia actual del PRD, se encuentra inmersa en una lógica de oportunismo político. No se trata de beneficiar a la ciudadanía con una propuesta clara de gobierno que garantice el bienestar social. Se trata sólo de ganar votos a fin de conservar los privilegios de los que goza actualmente y que tanto daño le han hecho a la fuerza política de izquierda más grande del país. Si como señala Ortega (Milenio 5-10-2010) que “…en México se interrumpió el proceso de cambio hacia la democracia y por el contrario experimentamos un grave retroceso hacia formas de gobierno más autoritarias aún que las del viejo régimen”, sin lugar a dudas la alianza con el PAN responde a un oportunismo grave que constituiría en la vía de los hechos un retroceso para el PRD. La dirigencia perredista encabezada por Ortega no está ubicada actualmente en la oposición, se encuentra haciendo la política de derecha del actual gobierno con la bandera de parar a la derecha priísta, sin embargo nunca ha impulsado una política de izquierda desde la dirección del partido. Si la izquierda para Jesús Ortega es ganar las elecciones al gobierno en turno, fatal destino le espera al PRD que nació como un partido que hace política distinta en beneficio de las mayorías. Es por eso que tenemos la obligación de aprender a ser oposición para poder llegar a ser gobierno. Esa es la diferencia entre izquierdas y derechas.

Iván Mendoza.



[1] SÁNCHEZ GUDIÑO, Hugo, “Una alianza imposible” Semanario Cultural de El Día, sección El Gallo Ilustrado, No. 1951, 19 de septiembre de 1999.

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