Los cambios que se han dado en América Latina y de manera más reciente en el norte del hemisferio marcan una nueva era en las relaciones de EU con el resto del continente. La llegada de gobiernos identificados como de izquierda en diversos países latinoamericanos (Kirchner, Lula, Chaves, Morales, Bachelet, Ortega) y el ascenso al poder del primer presidente negro en la historia de los Estados Unidos, con un programa de gobierno más pegado al centro son muestra clara de las transformaciones en toda América. El anuncio por parte de los Estados Unidos de permitir el libre tránsito y el flujo de remesas hacia la isla de Cuba muestra de forma inequívoca que es necesario un cambio en la política internacional que había mantenido la potencia económica con el resto del mundo.
Hoy en día es indiscutible el avance de la izquierda en todo el hemisferio y sus programas de gobierno son bastante claros. Mayor inversión en educación, salud, vivienda y seguridad social son parte de las políticas públicas impulsadas desde los gobiernos de izquierda. A la par, Venezuela al igual que Cuba han mantenido una política exterior de mucha actividad, ya que han entendido que sus naciones no son un ente aislado del resto del mundo y que parte de su desarrollo y en otros casos su misma supervivencia, depende en gran medida de la política exterior que adopten y de los logros que de esta emanen.
Las recientes declaraciones de Hillary Clinton en donde acepta que la política exterior de los Estados Unidos hacia la isla caribeña ha sido un fracaso muestran de manera contundente que al presidente Obama le interesa reformular la política exterior de su país con una historia marcada por el intervencionismo.
Sin embargo, mal haríamos en echar las campanas al vuelo ya que México tiene en sus manos la capacidad de definir cómo quiere ser tratado y reconstruir la relación con el país vecino. Si bien los cambios en América Latina pueden representar un verdadero avance, México parece estar metido en un verdadero retroceso. Estamos hundidos en una verdadera crisis institucional en donde ni la iglesia se salva. Las instituciones de este país gozan de un desprestigio tal que la mayoría de la población tiene una profunda desconfianza de sus instituciones. A todo esto la clase política de nuestro país está más preocupada por mantener sus espacios de poder inmersos en una disputa electorera que pareciera no tiene salida, hay una profunda desarticulación social que impide que amplios sectores de la sociedad se involucren en la vida política del país con miras para la transformación de México. Es por eso que difícilmente la mirada de los Estados Unidos hacia México cambie. Seguiremos siendo el patio trasero mientras México no cambie desde adentro. La visita reciente de Obama mostro y desnudo el proyecto cortoplasista que tiene el gobierno mexicano. Los medios de comunicación en su conjunto dieron más tiempo en sus noticieros al dispositivo de seguridad del presidente Obama que a la discusión a fondo de las medidas que uno y otro país adoptara en temas nodales como son la lucha contra el narcotráfico, una reforma migratoria integral, la crisis económica mundial, la renegociación del TLCAN, entre otros temas.
Los Estados Unidos parecen tener bien definida su estrategia que permita ir resolviendo los problemas por los que atraviesa. Han señalado en diversas ocasiones que impulsaran medidas proteccionistas convocando a comprar solamente productos hechos en su nación. Su preocupación por la guerra de México contra el narcotráfico apunta más hacia impedir que éste se convierta en un verdadero problema de seguridad nacional que a tratar de resolver el problema de manera conjunta; como muestra está el hecho de reforzar toda su frontera sur con un mayor número de fuerzas policiacas e incluso el ejército y la intervención de cuerpos de inteligencia desplegados por todo el territorio nacional, sin que nadie diga nada. Hasta este momento pareciera no existir una estrategia en conjunto que permita resolver el problema a fondo; lo que si tenemos es una estrategia desarticulada por parte de ambas naciones que pone en riesgo la soberanía de nuestro país, dando oportunidad a los Estadounidenses de intervenir de manera directa, como si México esperara que el país vecino le resolviera sus problemas.Es por eso que México debe apostar de manera contundente por lograr un gran acuerdo nacional que permita definir una agenda con miras a resolver el problema de la inseguridad y su relación con los Estados Unidas, de lo contrario seguiremos siendo tratados como patio trasero con la diferencia de que el patio se llenó de ratas y hay que desinfectarlo de cualquier forma.
Hoy en día es indiscutible el avance de la izquierda en todo el hemisferio y sus programas de gobierno son bastante claros. Mayor inversión en educación, salud, vivienda y seguridad social son parte de las políticas públicas impulsadas desde los gobiernos de izquierda. A la par, Venezuela al igual que Cuba han mantenido una política exterior de mucha actividad, ya que han entendido que sus naciones no son un ente aislado del resto del mundo y que parte de su desarrollo y en otros casos su misma supervivencia, depende en gran medida de la política exterior que adopten y de los logros que de esta emanen.
Las recientes declaraciones de Hillary Clinton en donde acepta que la política exterior de los Estados Unidos hacia la isla caribeña ha sido un fracaso muestran de manera contundente que al presidente Obama le interesa reformular la política exterior de su país con una historia marcada por el intervencionismo.
Sin embargo, mal haríamos en echar las campanas al vuelo ya que México tiene en sus manos la capacidad de definir cómo quiere ser tratado y reconstruir la relación con el país vecino. Si bien los cambios en América Latina pueden representar un verdadero avance, México parece estar metido en un verdadero retroceso. Estamos hundidos en una verdadera crisis institucional en donde ni la iglesia se salva. Las instituciones de este país gozan de un desprestigio tal que la mayoría de la población tiene una profunda desconfianza de sus instituciones. A todo esto la clase política de nuestro país está más preocupada por mantener sus espacios de poder inmersos en una disputa electorera que pareciera no tiene salida, hay una profunda desarticulación social que impide que amplios sectores de la sociedad se involucren en la vida política del país con miras para la transformación de México. Es por eso que difícilmente la mirada de los Estados Unidos hacia México cambie. Seguiremos siendo el patio trasero mientras México no cambie desde adentro. La visita reciente de Obama mostro y desnudo el proyecto cortoplasista que tiene el gobierno mexicano. Los medios de comunicación en su conjunto dieron más tiempo en sus noticieros al dispositivo de seguridad del presidente Obama que a la discusión a fondo de las medidas que uno y otro país adoptara en temas nodales como son la lucha contra el narcotráfico, una reforma migratoria integral, la crisis económica mundial, la renegociación del TLCAN, entre otros temas.
Los Estados Unidos parecen tener bien definida su estrategia que permita ir resolviendo los problemas por los que atraviesa. Han señalado en diversas ocasiones que impulsaran medidas proteccionistas convocando a comprar solamente productos hechos en su nación. Su preocupación por la guerra de México contra el narcotráfico apunta más hacia impedir que éste se convierta en un verdadero problema de seguridad nacional que a tratar de resolver el problema de manera conjunta; como muestra está el hecho de reforzar toda su frontera sur con un mayor número de fuerzas policiacas e incluso el ejército y la intervención de cuerpos de inteligencia desplegados por todo el territorio nacional, sin que nadie diga nada. Hasta este momento pareciera no existir una estrategia en conjunto que permita resolver el problema a fondo; lo que si tenemos es una estrategia desarticulada por parte de ambas naciones que pone en riesgo la soberanía de nuestro país, dando oportunidad a los Estadounidenses de intervenir de manera directa, como si México esperara que el país vecino le resolviera sus problemas.Es por eso que México debe apostar de manera contundente por lograr un gran acuerdo nacional que permita definir una agenda con miras a resolver el problema de la inseguridad y su relación con los Estados Unidas, de lo contrario seguiremos siendo tratados como patio trasero con la diferencia de que el patio se llenó de ratas y hay que desinfectarlo de cualquier forma.
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